"Los regalos de Maitena"

Por obra del azar siempre sorprendente y franco, sucedió que aquella Noche Buena llegaron los regalos, pero Maitena no pudo asistir a la siempre grata reunión familiar por causa de su trabajo en turno de noche. Se me olvidó añadir que llegaron los regalos, sí, pero cual dádivas tergiversadas y envueltas en fino papel de seda y misterio.
Maitena había invertido parte de la paga extra del Dieciocho de Julio en comprar la mayor parte de los presentes navideños. Los restantes los adquirió a toda prisa dos días antes del evento cuando recibió la segunda paga extraordinaria del año.
Por la tarde, medio soñolienta los envolvió sin prestar demasiada atención de tal manera que la cartera que había comprado para obsequiar a su cuñado Manolo, recibió una etiqueta de advertencia equivocada, "para el abu Rodrigo", rezaba la notita que apuntaló con celo. Igualmente le sucedió con el CD de JAQUES BREL que había adquirido pensando en el melanómano de su sobrino. Cuando se duermen escasamente tres horas diarias de media, el individuo no es un ser humano normal. Podría describírsele como una especie de autómata robot, mitad microondas, mitad minipimer. Maitena, en la delicada labor de envolver regalos estaba más en consonancia con esto último, esto es, la minipimer, que con aquello otro, a saber, el microondas. Autómata robot adicta al café y a los refrescos de cola. Los presentes por así decirlo estaban más despiertos que la propia Maitena. Ellos querían prevenirla de los zafios errores que estaba cometiendo, pero ya se sabe que los regalos son mudos, sienten y padecen pero no hablan.
Llegó el señalado evento, ése que todos quisieran eludir con acrobáticas pericias de saltador de pértiga. Pero la Noche Buena es como una gripe que hay que padecer sin vacunas ni circunloquios.
Maitena casi siempre contaba con la escusa perfecta: gracias a su turno de noche se perdía gran parte de los eventos y festejos familiares y/o sociales. En esta ocasión además de no poder asistir a la cena de Noche Buena, ignoraría de por vida que sus regalos no habían recaído en los destinatarios asignados. Uníase al despite suyo, las tropelías de su sobrinito de cuatro años que hurgando en la bolsa de los presentes cambió las etiquetas de lugar, ay angelico, sin ninguna malicia por su parte.
La cartera obsequiada al abuelo le sirvió de gran ayuda el día que debido a un incipiente Alzehimer, le sobrevino una amnesia repentina y una desorientación enojosa. Una pareja de novios consultó la documentación que llevaba en la cartera y le acompañó a casa.
El CD de Jacques Brell que por error recibió la tía Aurelia le hizo recobrar a esta "soltera de oro" la ilusión y la esperanza de encontrar un novio de esos que duran toda la vida, espécimen en extinción que normalmente se halla tras ardua y fatigosa labor arqueológica si uno persevera. "Ne me quittes pas, ne me quittes pas" si se canta a dúo con la voz insondable y melismática de Brell la predisposición a encontrarlo está prácticamente garantizada.
El increíble Hulk que Maitena había comprado para Luisito recayó en el primo Esteban, un muchachote de dos metros de estatura siempre predispuesto a la melancolía, que cada vez que al pulsar el botón le escuchaba decir al muñecote verde "¿Eso es todo lo que sabes hacer? ¡eres un enano!" prorrumpía en tales carcajadas que contagiaba al vecindario entero.
El mechero para la colección del tío Gerardo inició a tia Marisa en el pernicioso pero de alguna manera liberador vicio de fumar cigarrillos "light" a escondidas. Tía Marisa se sentía más realizada y feliz, lo cual no es óbice para que los que estén concienciados de que el tabaco perjudica seriamente la salud, abandonen definitivamente el hábito.
Luisito, el sobrinito de cuatro años sintió crecer al adulto que todo niño lleva dentro, al recibir una camiseta Nike del Barça de la talla XXL que en realidad debía haber sido adjudicada a Esteban, el grandullón.
Y asi, uno a uno, los regalos de Maitena, cual peones fuera de lugar, fueron encontrando su sitio. Nadie se percató del dislate porque la Navidad ablanda corazones y derrite seseras. ¿no será el colmo de la estulticia La Navidad?

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