" Coslada City DeadLock"



Los camellos de metadona, de ibogaína, de Antabuse pululaban como sabandijas por las esquinas en busca de clientes. A la pasma no le resultaba fácil distinguir a los primeros de los segundos. Parroquianos y vendedores al por menor tampoco parecían muy duchos a la hora de discernir entre "polis buenos y malos". Estos a su vez se infiltraban haciéndose pasar por camellos o clientes. Entre camellos, algún agente de policía ganaba un dinero extra para sufragar gastos superfluos. Entre adictos, especialmente al Antabuse, muchos, demasiados agentes del CSI - Comisaría Sectorial Intercontinental, del FBI - Federación Burocrática Internacional , de CIP - Cuerpo Internacional de Policía - se afanaban, al terminar de prestar servicio, en buscar quien les vendiera cuatro comprimidos de estraperlo cuyo rostro no les resultase conocido para no verse comprometidos llegado el caso.

Las prostitutas se quejaban de que ya no encontraban proxenetas como los de antes. La mayoría se ocupaban de traficar con la cada vez mayor competencia del mercado lesbio, gay y transexual. Las madamas transexuales se prodigaban en cualquier prostíbulo y no resultaba extraño ver a policías de Distrito Centro dando protección a prostitutas desamparadas en sus horas libres para ganar un sobresueldo.

Fargo Spencer, un agente de policía incorruptible, una especie a extinguir dentro del cuerpo policial internacional, combinaba su eficaz labor policial durante las diez horas de servicio, con encargos de infiltrado de lo más variopintos. El comisario de Distrito Centro le había encomendado hacerse pasar por camello de Antabuse para poder desmantelar la trama y todo el tinglado de confabulación en la que una red de mafias policiales internacionales y de organizaciones criminales rusas, moldavas, chinas, birmanas, colombianas, canadienses y oriundas de Alaska trabajaban estrechamente para captar cada vez más adeptos. El proselitismo doloso era tan agresivo que muchos individuos se veían envueltos en la maraña casi sin pretenderlo y en contra de su voluntad. Pero el agente Fargo Spencer, cual un Ulises sagaz de la Edad Contemporánea Postespacial, contaba con mil ardides y artimañas para salir airoso de las difíciles misiones que le encomendaban. Siempre gustaba decir, "Bañado en mierda, no dejo que ésta me salpique".

En los bares de alterne de la Avenida C, Spencer aparentaba hacer vida social frecuentando todos los locales posibles. Prefería mantenerse de pie ante el mostrador mientras le despachaban la bebida para contar con un mayor campo visual y no perder detalle de cuanto se cocinaba a su alrededor. Llevaba escondidos en el interior del jersey de cuello cisne algunos comprimidos sueltos de Antabuse, los suficientes para "captar clientes" de su interés. No podía correr riesgos. Estaba a punto de conseguir pruebas suficientes que inculpasen a cuando menos cuatro agentes de policía de la Unidad contra Sucedáneos de Estupefacientes. Un mínimo error podía costarle incluso la propia vida. No contaba con que surgiría en escena Deborah Philips, un agente especial de la Unidad de Grupo de Menores, especializada en combatir delitos de pederastia, haciéndose pasar por la madama de un burdel improvisado en el primer piso del inmueble, justo encima del bar en el que ambos se encontraban simulando beber una vaso de agua carbonatada. Ella se encontraba allí en el mismo lugar que él, aguardando la llegada de los cuatro agentes sospechosos, que no sólo consumían Antabuse hasta ponerse ciegos y caer en una especie de estado de catatonia, de gran excitación sino que además frecuentaban burdeles en los que ejercían prostitución menores de edad de cualquier sexo y condición.

La dificultad se suscitó cuando aparecieron los cuatro tipos y se acercaron a la barra del bar gritando a los camareros que querían agua de grifo bien fría y de manantial. Fargo quería captar la atención de alguno de ellos, mientras Deborah hacía lo propio, desconociendo que ambos estaban muy centrados en lo suyo obviando lo del otro. "Mira, Leonard, lo que tenemos aqui. ¡Qué preciosidad!" -exclamó uno de los polis refiriéndose a Deborah, cuyo atuendo le hacía parecer a Kathleen Turner en China Blue, una película de hacía casi dos siglos que a Fargo le gustaba mucho visionar en edición remasterizada en octava generación de proceso de mastering. Aquella beldad le estaba ganando la partida. Fargo albergaba la sospecha de que se tratase de algún "expediente Y" - así se llamaba coloquialmente a los agentes infiltrados -, pero no quería sacar conclusiones precipitadas y arruinar el seguimiento. Entonces se le ocurrió que si entraba en el juego de ella, quizás sería preferible a litigar por la detención y custodia de aquellos cuatro bribones. Sería el quinto en discordia.

Al tercer trago de agua mineral acompañada de varios comprimidos de Antabuse y complejos vitamínicos - Fargo fingió tomar un par de ellos que luego escupió con disimulo - ya se mostraban los cinco polis predispuestos a acompañar a Deborah al antro y cuchitril inmundos. La siguieron entre bravuconadas y chanzas de juego verbal soez, vil. Deborah y Fargo, enemigos de bullas, intentaban contenerse muy concentrados en su objetivo. Deborah se contorneaba perfilando su silueta redondeada y perfecta. Fargo pensó que tal vez no exagerase. Siempre le pareció harto difícil que las mujeres pudiesen desenvolverse con soltura teniendo que sobrellevar caderas. La mayoría se operaban las cartucheras y resultaba casi imposible encontrar a alguna "valiente" que se negase a tamaña aberración. Al acceder al pequeño inmueble, Fargo comprendió que la puesta en escena, se trataba de un montaje porque Sara, el agente infiltrado de Grupo de Menores le guiñó un ojo en un gesto cómplice. Ambos se conocían desde hacía años y eran buenos amigos. Las supuestas menores utilizadas como gancho, provenían de la cantera de la Academia de Policía Regional. Eran muchachas muy jóvenes, mayores de edad, que rondaban los dieciocho años, pero que aparentaban andar en la pubertad. Deborah explicó a los cuatro agentes sospechosos y a Fargo que podían escoger entre las diez jóvenes, todas ellas menores de edad, dos de ellas vírgenes. Fargo tuvo que hacer esfuerzos para contener la risa. Los cuatro agentes escogieron con cierta celeridad, sin darle demasiados vueltas al asunto. Fargo preguntó si podía escoger a la propia Deborah. Alegó que sin desmerecer a las demás, ella era la que le parecía más seductora y atractiva. Deborah accedió frunciendo el ceño. En uno de los aposentos diminutos al que le condujo de la mano, Fargo selló sus labios y le mostró la placa identificativa policial. Deborah le dió un beso en la boca y le mostró su placa. Le susurró al oído, "Desde un principio supe que eras un infiltrado. ¿Quién te envía?". "De la Brigada Antisucedáneos" - respondió él. "Añoro los viejos tiempos de la coca, la heroína, el alcohol. Resultaba todo menos complicado". "Somos agentes de la vieja guardia, compañera"
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"Salud e inspiración para tod@s"

Comentarios

Durrell ha dicho que…
Excelente relato, Gemmayla, cada día escribes mejor. ¿Habrá una segunda parte? ;)
gemmayla ha dicho que…
Hola Durrell:

¡Cuánto me alegra saber y verte por aquí!

Espero que no haya más segundas partes de Coslada City. ¡Un oprobio! ¡Un descrédito para tan noble profesión!

¡Ánimo, Durell!

Creo que el Rincón de Sherezade sigue, ya lo verás, no te quepa la menor duda.

He meditado el asunto a fondo. En cuanto termine mis exámenes este mes, pienso volver a Sherazade. Estoy tb pensando participar en los tres espacios literarios como antaño, porque creo firmemente que los tres merecen su espacio de expresión. No sé si podré cumplir esta promesa a pies juntillas y estrictamente porque cada vez ando peor de tiempo y energías, pero lo intentaré.

Espero que nos sigamos leyendo en Sherezade y en cualquier ágora pública virtual.

Un besotísimo !!!

Gemmayla
Anónimo ha dicho que…
Hola Claudia:
Jejejje, Coslada City? Me gusta como escribes y cada dia lo haces mejor.
Se te echa de menos por Agua.
Un besote
Rosa
Durrell ha dicho que…
Te he dejado un nuevo mensaje.

Besotes.
travis rabbit ha dicho que…
Amiga Gemma:
mi tardanza en comentar este post se debe a que no me llega la camisa al alma. Incluso hoy me ha costado Dios y ayuda leer tu magífico texto, sumamente ilustrativo para los profanos en esa materia que tratas, supongo que con mucha rabia contenida.
Leo arriba que andas mal de tiempo y energías.Sólo rezo para que no dejes de guardar prendas tan valiosas en este baúl. Pero si tus circuntancias lo exigen, me tendré que fastidiar y quedarme sin la paz de este rincón, que tanto bien me hace.
Una mujer que amé me enseñó este dicho:
Qui aime, fout la paix.
( vulgarismo incluido)
Quien ama, no agobia. Deja en paz. Le da un respiro al otro.
Ese submundo que describes espléndidamente me leva a recordar cosas de mi infancia. Cuando la sustancia estupefaciente era el café. Solía hacer la ruta en tren pola beira do Miño. En los vagones siempre había una "galdrucheira": contrabandista a escala de un paquete de Sical ( o melhor café de Portugal).
Llevaban en un atado, envuelto en papel de estraza, su "galdrucho". Un día entró en el vagón un guardia civil y la galdrucheira que se sentaba a mi lado me pidió que le guardase el paquete de Sical. Todavía recuerdo vívidamente el desbocado palpitar, mis sudores, hasta que el guardia, pasando de largo, entró en el siguiente vagón.
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Tu texto me hizo recordar a Sérpico y usas una frase que yo atribuiría a J.Luis Alvite:
"Siempre le pareció harto difícil que las mujeres pudiesen desenvolverse con soltura teniendo que sobrellevar caderas".
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Despues de leer tu texto se me queda una cara como la de Al Pacino al final de El Padrino II.
O como la de Keith Carradine en "Prety baby", cuando le quitan a su pequeña, Brook Shields. Para mí, la mirada más desolada de la historia del cine, que ahore recuerde.
Gemma, la gente no es tonta. Sabe que siempre hay unos pocos garbanzos negro en medio de miles de garbanzos sanos.
Yo así lo creo. O prefiero creer.
Como también hay algunos locos peligrosos en medio de miles de locos inofensivos.
Hay policias que le dicen a una prostituta que no tiene por qué encender su luz roja, ni venderle a la noche su cuerpo, ni hacer la calle por un puñado de dólares.
Para ti, Gemma (aunque estés harta de oírla):
altas_horas_,horas_bajas
gemmayla ha dicho que…
Hola Travis:

"¡Qui aime, fout la paix"! En mi tierra decimos, "fes-te fotre, juasjuas.Tomo nota del "adagio" francés, vulgarismo incluído.

Apunto en mi cuaderno de bitácora, "Galdrucheira", contrabandista al por menor.

Café SICAL, FARRUCO, CAMELLO. ¡Qué exquisito el café portugués! Tengo que comprar de nuevo y comprar tb molinillo de café que se estropeó el que tenía.

Muy féliz semana, mi querido amigo !!!

Gemmayla

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