El Dia del Fin del Mundo.... "Aires del Desierto"

El día del Fin del Mundo se formó en el horizonte un Arcoiris tan rampante, que a los espectadores que podían observarlo de espaldas al sol, les pareció el principio de todos los tiempos, condensado en las gotas de lluvia de la atmósfera, una lluvia que empezó a arreciar, como aquel día en que Noé se cabreó y construyó un Arca, porque Dios se lo sopló al oído en sueños, pero despierto le pareció empresa de locos y de aquellos barros surgieron estos lodos zoológicos. Llovía a cántaros y el Arcoiris desplegaba anchas bandas de colores primarios de tal suerte que el Fin del Mundo parecía una Película Color de Rosa, pero en realidad era un Soberana Putada Imprevista. A mi me pilló a medio vestir, en vaqueros y el torso desnudo y de tal guisa corrí despavorida escaleras abajo y luego en la calle reparé en que iba descalza y aquellos vaqueros no combinaban bien con los pies a la intemperie. Pero no daba tiempo de regresar para escoger calzado adecuado porque muchos gritaban "Es el Fin del Mundo. ¡Huyamos!" ¿Pero a dónde?, pregunté ingenua de mi. Un hombre semidesnudo como yo, pero a la inversa, sólo el tronco vestido, exclamó, "Al Norte no podemos ir: han sido vistos Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis y al Sur tampoco, porque dicen las malas lenguas que allí se hallan Las Siete Trompetas y la Primera Bestia guerreando." Entonces, instintivamente corrimos hacia el Este de la ciudad y no llevábamos corridos ni dos kilómetros que nos salió al paso La Prostituta, señalándonos "La Caída de Babilonia", que era en realidad un bareto de mala muerte. Decidimos entrar un grupo de unas treinta y tres personas que nunca hasta entonces nos habíamos conocido ni tratado. "Aquí estaremos seguros" aseveró un tipo muy gordo que parecía conocer el local. El aire irrespirable de aquel tugurio era lo más parecido al purgatorio, pero sentíamos tanto miedo y frío que nadie se atrevió a rechistar. "¿Qué van a tomar Ustedes? preguntó La Prostituta, ¿sangre o sangre?" "Nada, gracias, repliqué yo". "Pues te morirás de sed y de inanición y encima tomes o no debes abonar la consumición" "No traigo dinero. Me ha pillado el Fin del Mundo de improviso", repliqué. "No importa. Invito yo" zanjó la discusión un joven al que le debió pillar el asunto en la calle porque vestía ropa adecuada para momento tan delicado. Las horas pasaban en aquel tugurio entre tufos, llantos y chanzas. Cuando les dio por contar chistes, pensé que mejor suerte habría corrido eligiendo el Norte o el Sur o el Oeste, pero cada vez que alguien asomaba la nariz por la puerta, un panorama desolador invadía las calles. Allí dentro pareciera como si un "ángel" nos diese protección. En definitiva, pasaron horas, días y meses y allí seguíamos sin noticias satisfactorias del Fin del Mundo Definitivo. ¡Ah, olvidé un detalle importante! Soy siria. Cuando entré en "La Caída de Babilonia" mi país contaba con diecinueve millones de habitantes. Ahora sólo soy capaz de contar los treinta y tres que estamos aquí a la espera de noticias halagüeñas de Dios o del Diablo, que igual nos dá...sólo esperamos verdaderas y fidedignas noticias certeras y fiables que den testimonio del Fin del Mundo para todas y todos.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Baroca, La Isla de Los Que Sólo tienen Un Riñón

La Pasamanería de Madame Pouzieux